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La muerte del ambientalismo*

Pol'ticas sobre calentamiento global en un mundo post-ambientalista

Traducci'n autorizada por Michael Shellenberger, El Cerrito, California, para edici'n digital en GeoTr'pico (Grupo GeoLat, Bogot', Colombia). T'tulo original: The Death of Environmentalism***, 2004. Traductores: Cecilia Calder'n-P'rico y H'ctor F. Rucinque.

The English version of this article is available on

http://www.thebreakthrough.org/images/Death_of_Environmentalism.pdf<**

Resumen. Michael Shellenberger y Ted Nordhaus hicieron p'blico este ensayo en una reuni'n de la Environmental Grantmakers Association, en octubre 2004. Desde entonces, han suscitado una controversia de tal magnitud que convierten el' ensayo en un hito m's de los temas relacionados con el manejo ambiental del mundo. La traducci'n al espa'ol fue autorizada por los autores a H'ctor F. Rucinque, con la provisi'n de publicarla para acceso abierto en GeoTr'pico y Geograf'a en Espa'ol, revista y portal,' respectivamente, del Grupo GeoLat (Bogot') y la Universidad de C'rdoba (Monter'a, Colombia).**

PARA VOLVER AL PR'LOGO Y LA INTRODUCCI'N

>http://www.geotropico.org/Shellenberger_y_Nordhaus.html<

La muerte no es la mayor p'rdida en la vida. La mayor p'rdida es lo que muere dentro de nosotros mientras estamos vivos.**

Quienes 'ramos ni'os en la 'poca del nacimiento del movimiento ambiental moderno no tenemos idea de lo que se siente al ganar realmente en grande.

Nuestros padres y mayores experimentaron algo durante los 1960s y 70s, que ahora parece un sue'o: la aprobaci'n de una serie de poderosas leyes ambientales, demasiado numerosas para ser enumeradas, que incluyen desde la Ley sobre Especies en Riesgo, pasando por las Leyes sobre Aire Limpio y Agua Pura, hasta la Ley de Pol'tica Ambiental Nacional.

El haber experimentado tan 'picas victorias tuvo un impacto cauterizante en las mentes de los fundadores del movimiento. Ello estableci' una manera de pensar sobre el medio ambiente y las pol'ticas ambientales, lo cual ha perdurado hasta el presente.

Pero fue tambi'n entonces, en la c'spide del 'xito del movimiento, cuando se plantaron las semillas del fracaso. El 'xito ambiental de la comunidad gener' una fuerte confianza ─ e incluso en algunos casos franca arrogancia ─ hasta el punto de que el solo marco de la protecci'n ambiental se cre'a suficiente garant'a de 'xito a nivel de pol'ticas. La creencia de la comunidad ambiental sobre la procedencia de su poder, o sea de definirse a s' misma como defensora 'del medio ambiente', nos ha frustrado la posibilidad de conseguir leyes dom'sticas de mayor envergadura sobre calentamiento global.

Creemos que los conceptos fundacionales del movimiento ambiental, su m'todo de formular propuestas legislativas, y sus propias instituciones, est'n pasados de moda. El ambientalismo actual es solo otro inter's especial.' La evidencia de esto se retrata en sus conceptos, sus propuestas y su razonamiento. Lo que hay para destacar es la manera arbitraria como los l'deres ambientales deciden qu' puede contarse como 'ambiental' y qu' no. La mayor'a de los pensadores de avanzada, proveedores de fondos y defensores del movimiento no cuestionan sus supuestos fundamentales acerca de qu' somos, en qu' estamos comprometidos y qu' es lo que deber'amos estar haciendo.

En los d'as que corren, el ambientalismo es algo m's relacionado con proteger una supuesta 'cosa' ''el medio ambiente'' que con avanzar la visi'n global articulada por el fundador del Sierra Club, John Muir.2' Recu'rdese lo que hace casi un siglo observara 'l: 'Cuando tratemos de individualizar' cualquier cosa por s' sola, encontraremos que est' ligada con todo lo dem's en el Universo'.'

Pensar el medio ambiente como una 'cosa' ha tenido enormes implicaciones sobre la manera como los ambientalistas conducen sus pol'ticas. El tripartita marco estrat'gico para trazar pol'ticas ambientales no ha cambiado en 40 a'os: primero, definir un problema (por ejemplo, calentamiento global) como 'ambiental'; segundo, producir un remedio t'cnico (por ejemplo, la estrategia del cap-and-trade); 3' tercero, vender la propuesta t'cnica a los legisladores mediante una variedad de t'cticas, tales como cabildeo, terceros aliados, informes cient'ficos, publicidad y relaciones p'blicas [RP].

Cuando inquirimos a l'deres ambientales sobre c'mo podr'amos acelerar nuestros esfuerzos contra el calentamiento global, la mayor'a indicaron esta o aquella t'ctica ' m's an'lisis, m's organizaci'n de las bases, m's RP.

Pocas cosas compendian tan bien la orientaci'n t'ctica de la comunidad ambiental hacia la pol'tica como su b'squeda por mejores palabras e im'genes para 'reformular' el problema del calentamiento global. 'ltimamente los consejos al respecto han incluido: a) no llame a esto 'cambio clim'tico' porque a los americanos les guste el cambio; b) no llame esto 'calentamiento global' solo porque la palabra 'calentamiento' suene agradable; c) refi'rase al calentamiento global como una 'cubierta captadora' de calor' para que la gente pueda entender la cosa; d) enfoque la atenci'n sobre soluciones tecnol'gicas ' como bombillos de luz fluorescente y carros h'bridos.

Lo que cada una de estas recomendaciones tiene en com'n es la presunci'n compartida de a) que el problema debe ser formulado como 'ambiental' y b) que nuestras propuestas legislativas deben ser t'cnicas.4

Incluso el asunto de las alianzas, que pertenece al n'cleo de la estrategia pol'tica, se trata en los c'rculos ambientales como cuesti'n t'ctica ' una oportunidad para captar este o aquel grupo de electores ' l'deres religiosos! l'deres de negocios! celebridades! j'venes! latinos! '' para emprender la pelea contra el calentamiento global. La implicaci'n es que si solamente estuviese involucrado el grupo X en la lucha contra el calentamiento global, entonces las cosas realmente empezar'an a darse.**

En este punto la arrogancia consiste en que los ambientalistas preguntan no sobre qu' podemos hacer por los grupos de votantes no ambientales, sino qu' pueden hacer 'stos por los ambientalistas. Como resultado, si bien el apoyo p'blico en pro de acciones sobre el calentamiento global es amplio, tambi'n es alarmantemente superficial.

La indiferencia del movimiento ambiental acerca de los intereses de aliados potenciales depende de que nunca se reten las presunciones b'sicas sobre lo que puede contarse o no como 'ambiental'.'' Debido a que los problemas ambientales son definidos de manera tan estrecha, los l'deres ambientales salen tambi'n con soluciones igualmente menguadas. Frente a la que quiz's sea la mayor calamidad de la historia moderna, los l'deres ambientales est'n confiados en que vendiendo soluciones t'cnicas como bombillas de luz fluorescente, electrodom'sticos m's eficientes y carros h'bridos, bastar'a para sacar a relucir la necesaria fortaleza pol'tica que derrote la alianza de ide'logos neoconservadores e intereses industriales en Washington, D.C.

'A pesar de que el escenario total en el que juega la pol'tica ha cambiado radicalmente en los 'ltimos 30 a'os, el movimiento ambiental act'a como si las propuestas basadas en 'ciencia sana' fuesen suficientes para vencer a la oposici'n ideol'gica e industrial. Quer'moslo o no, los ambientalistas nos encontramos en una guerra cultural. Se trata de una guerra sobre nuestros m's caros valores como americanos y sobre nuestra visi'n del futuro, guerra que no se ganar' suplicando por la consideraci'n racional de nuestro proclamado inter's colectivo.

Hemos llegado a convencernos que el ambientalismo moderno, con todos sus supuestos no cuestionados, conceptos anticuados y estrategias exhaustas, debe desaparecer para que algo nuevo pueda vivir. Quienes le ponemos mucha atenci'n a los ciclos de la naturaleza estamos m's all' del temor a la muerte, que es inseparable de la vida. En palabras del Tao Ti Ching, 'si no tienes temor a morir,' no hay nada que no puedas lograr'.

Si queremos que nuestra civilizaci'n sobreviva debemos romper con el h'bito de reverenciar a los grandes hombres.

Una de las razones por las cuales los l'deres del movimiento ambiental pueden flanquear orondos el cementerio de la pol'tica del recalentamiento global es porque la n'mina y las entradas por sueldos de las grandes organizaciones ambientales han crecido enormemente en los 30 a'os pasados ' especialmente desde la elecci'n de George W. Bush en el 2000.

Las instituciones que definen el sentido del ambientalismo se engalanan con grandes' n'minas profesionales y reciben millonadas de d'lares cada a'o de fundaciones e individuos. Con tales beneficios, no sorprende que la mayor'a de los l'deres ambientales no dise'en ni apoyen propuestas que pudiesen ser etiquetadas de 'no-ambientales'. Una actuaci'n contraria har'a m's que amenazar su estatus; socavar'a su marca.

Los ambientalistas son particularmente optimistas sobre el rumbo que tome la opini'n p'blica, gracias en gran medida a las encuestas en que ellos suelen apoyar sus propuestas. Sin embargo, Estados Unidos es un pa's much'simo m's cargado a la derecha de lo que fue hace tres d'cadas. El dominio de la pol'tica norteamericana por la extrema derecha es un obst'culo central para conseguir algo importante sobre calentamiento global. Pero casi ninguno de los ambientalistas que entrevistamos pens' en mencionar esto.

Parte de lo que hay detr's del desplazamiento pol'tico de Norteam'rica hacia la derecha es la habilidad con la que los depositarios de ideas,' intelectuales y l'deres pol'ticos conservadores han trabajado las propuestas en las que descansa su poder, fijando ellos mismos los t'rminos del debate.' Su trabajo ha dado resultados. De acuerdo con una encuesta administrada a 1.500 americanos por Environics, una firma de investigaci'n de mercados, el n'mero de quienes est'n de acuerdo con la declaraci'n 'Para preservar los empleos de la gente en este pa's, en el futuro debemos aceptar mayores niveles de contaminaci'n', aument' del 17 por ciento en 1996 al 26 por ciento en 2000. Y tambi'n el n'mero de personas que estuvieron de acuerdo con la frase 'La mayor'a de quienes est'n activamente involucrados en grupos ambientalistas son extremistas, no gente razonable', salt' del 32 por ciento en 1996 al 41 por ciento en 2000.

En verdad, para la gran mayor'a de los norteamericanos el medio ambiente nunca figur' en la lista de las diez cosas prioritarias sobre las cuales preocuparse. De veras, proteger el medio ambiente es algo que apoya la gran mayor'a ' solo que no es un apoyo muy fuerte que se diga. Una vez que esto se entienda, ser' mucho m's f'cil comprender por qu' ha sido tan f'cil para intereses anti-ambientalistas arruinar 30 a'os de protecciones ambientales.

La cr'tica convencional articulada por extra'os, y por muchos de quienes proveen fondos contra el movimiento ambiental, es que 'ste est' demasiado dividido para poder cumplir con su trabajo. En su nuevo libro Boiling Point ['Punto de ebullici'n'], el periodista Ross Gelbspan, ganador del Premio Pulitzer, arguye que 'no obstante los ocasionales espasmos de cooperaci'n, los grupos ambientales principales han carecido de la voluntad de trabajar juntos alrededor de una agenda clim'tica unificada, aunar recursos y movilizar una campa'a com'n sobre clima'.

Sin embargo, algo que nos impact' en la investigaci'n fue el alto grado de consenso entre los l'deres ambientalistas acerca de cu'les son los problemas y cu'les las soluciones. De las entrevistas nosotros salimos menos preocupados por las divisiones internas que acerca de la falta de mecanismos de realimentaci'n.

Los ingenieros compendian en un t'rmino t'cnico su manera de caracterizar los sistemas que carezcan de mecanismos de realimentaci'n: 'est'pidos'.

Como individuos, los l'deres ambientales podr'n ser cualquier cosa, menos est'pidos. Muchos de ellos tienen t'tulos avanzados en ciencias, ingenier'a y leyes, otorgados por las mejores universidades del pa's. Pero como comunidad, los ambientalistas padecen un grave caso de ideas grupales, empezando con supuestos compartidos acerca de lo que se entiende por 'medio ambiente' ' una categor'a que refuerza las nociones de (a) que el medio ambiente es una 'cosa' aparte y (b) que los seres humanos son entes superiores y no hacen parte del 'mundo natural'.

Los conceptos de 'naturaleza' y 'medio ambiente' han sido completamente deconstruidos. No obstante, retienen su poder m'stico y debilitador dentro del movimiento ambiental y entre el p'blico en general. Si uno entiende que la noci'n de 'medio ambiente' incluye los humanos, entonces la manera como la comunidad ambientalista designa ciertos problemas como ambientales y otros no, es totalmente arbitraria.

'Cu'l es la raz'n, por ejemplo, para considerar como 'ambiental' a un fen'meno de origen humano como el calentamiento global, que puede matar cientos de millones de seres humanos en el siguiente siglo? 'Por qu' la pobreza y la guerra no se consideran problemas ambientales, mientras el calentamiento global si es etiquetado como tal? 'Cu'les son las implicaciones de formular el calentamiento global como un problema ambiental ' y de descargar la responsabilidad de su manejo en los 'ambientalistas'?

Hay quienes creen que este encasillamiento es un problema m's pol'tico que conceptual. 'Cuando utilizamos la expresi'n 'ambiental' pareciera como si se implicara que el problema est' 'all' afuera' y que necesitamos 'arreglarlo', dice Susan Clark, Directora Ejecutiva de la Fundaci'n Columbia, para quien la Asociaci'n de Otorgantes de Apoyos Ambientales [Environmental Grantmakers Association] debiera cambiar de nombre. 'El problema no es externo a nosotros; nosotros lo somos. Se trata de un problema humano que tiene que ver con la manera como organizamos nuestra sociedad. Este modo de pensar tan anticuado no es culpa de nadie, pero cambiarlo es total responsabilidad nuestra'.

No todo el mundo est' de acuerdo. 'Necesitamos recordar que el movimiento ambiental somos nosotros, y que nuestra tarea es proteger el medio ambiente', afirm' Dan Becker, Director de Calentamiento Global' en el Sierra Club. 'Si nos desviamos de ah', corremos el riesgo de perder nuestro foco, y no hay nadie m's para proteger el medio ambiente si nosotros no lo hacemos. No somos un sindicato ni el Departamento del Trabajo. Nuestro oficio es proteger el medio ambiente, no crear una pol'tica industrial para los Estados Unidos. Lo cual no significa que a nosotros no nos importe que se proteja a los trabajadores'.

La mayor'a de los ambientalistas ni siquiera piensan del 'medio ambiente' como una categor'a mental ' lo piensan como una 'cosa' real a la cual hay que proteger y defender. Literalmente, ellos se ven a s' mismos como representantes y defensores de esta cosa.' Los ambientalistas acometen su trabajo guiados por la idea de que estas son verdades m's literales que figuradas. Tienden m's a ver el lenguaje en general como representativo que constitutivo de la realidad. Tal modo de pensar es t'pico de liberales,5 que son en esencia hijos de la ilustraci'n, convencidos de que alcanzaron su identidad y concepci'n pol'tica mediante un proceso racionalista y reflexivo. Esperan que otros hagan lo mismo en pol'tica y siempre estar'n sorprendidos y desalentados cuando ello no es as'.

El resultado de esta orientaci'n es una cierta literal-esclerosis 6 ' la creencia de que el cambio social solo ocurre cuando la gente habla una literal 'verdad de poder'. La literal- esclerosis puede ser vista bajo el supuesto de que para ganar acci'n sobre el calentamiento global uno debe hablar acerca de ese fen'meno en vez de, digamos, la econom'a, la pol'tica industrial, o la salubridad. 'Si se quiere que la gente act'e sobre calentamiento global', enfatiza Becker, 'es necesario convencerla que la acci'n se necesita sobre calentamiento global y no sobre alguna meta ulterior'.

El pensar calculador computa' corre veloz de un panorama al siguiente. Nunca para, jam's se serena. No es pensamiento meditativo, no es el modo de pensar que contemple el sentido que reina en todo lo que hay' El pensamiento meditativo demanda de nosotros que nos involucremos con lo que, a primera vista, no va junto.

'''''''' ' Martin Heidegger, Discurso Conmemorativo

'Cu'l es nuestra preocupaci'n cuando nos preocupa el calentamiento global? 'Es acaso la crisis de refugiados que sobrevendr' cuando se inunden las naciones caribe'as? Si ello es as', 'no ser'an nuestras tareas principales ocuparnos en construir muros de contenci'n marina m's grandes y hacer preparativos contra el desastre?

'Ser' la escasez de alimentos que ocurrir' como consecuencia de una menor producci'n agr'cola? En tal caso, 'no ser'a nuestra prioridad buscar el incremento de la producci'n alimentaria?

'O se trata del colapso potencial de la Corriente del Golfo, que podr'a congelar la parte septentrional de Norteam'rica y el norte de Europa, desencadenando una guerra mundial, como sugiere un reciente escenario del Pent'gono?

La mayor'a de los l'deres ambientales se mofar'an de tal encuadramiento del problema y replicar'an: 'La preparaci'n para desastres no es un problema ambiental'. Uno de los distintivos de la racionalidad ambiental es creer que lo que los ambientalistas buscamos son 'las causas primeras' y no 'los s'ntomas'. 'Cu'l, entonces, es la causa del calentamiento global?

Para la generalidad dentro de la comunidad ambiental, la respuesta es f'cil: demasiado carbono en la atm'sfera. Vistas las cosas de esa manera, la soluci'n es l'gica: se deben aprobar leyes que reduzcan las emisiones de carbono. 'Pero cu'les son los obst'culos para remover el carbono de la atm'sfera?

P'nganse a pensar lo que ocurrir'a si los obst'culos identificados fuesen:

'        El control radical de los derechos en todas las tres ramas del gobierno de los EE.UU.

'        Las pol'ticas comerciales que socavan la protecci'n ambiental.

'        Nuestro fracaso para articular una visi'n inspiradora y positiva.

'        La influencia del dinero en la pol'tica norteamericana.

'        Nuestra incapacidad para dise'ar propuestas legislativas que enmarquen el debate alrededor de valores medulares americanos.

'        Los viejos supuestos acerca de qu' cosa es el problema y qu' no lo es.

En este caso el punto no es solo que el calentamiento global tiene muchas causas sino tambi'n que las soluciones con las que so'amos dependen de la manera como estructuremos el problema.

La falla de los movimientos ambientalistas en la formulaci'n de propuestas inspiradas y fuertes que enfrenten el calentamiento global est' directamente relacionada con la l'gica reduccionista del movimiento acerca de las causas supuestamente raigales (por ejemplo, 'demasiado carbono en las atm'sfera') de cualquier problema ambiental dado. La dificultad consiste en que tan pronto como se identifica algo como la causa raigal, uno tiene poca raz'n para buscar causas aun m's profundas o conexiones con otras causas raigales. El abogado de NRDC, David Hawkins, quien se ha ocupado de pol'ticas ambientales durante tres d'cadas, define el calentamiento global esencialmente como un problema de 'poluci'n', como el de la lluvia 'cida, que fue tenido en cuenta en la enmienda de la Ley de Aire Limpio de 1990. Esta norma determin' un tope nacional legal de la cantidad total permisible de poluci'n por lluvia 'cida y permiti' a las compa''as comprar 'cr'ditos' de poluci'n a otras compa''as que hayan reducido con 'xito sus emisiones. La pol'tica de 'tope-y-trueque' funcion' bien para la lluvia 'cida, razona Hawkins, por lo que no hay que dudar que tambi'n pueda servir para el calentamiento global. La ley McCain-Lieberman sobre 'Mayordom'a del Clima' descansa sobre un mecanismo similar de topes de emisiones de carbono y que permite a las compa''as comerciar derechos de poluci'n.

No todos est'n de acuerdo con que la victoria de la lluvia 'cida genere el modelo mental correcto. 'Este no es un problema que pueda solucionarse como el de la lluvia 'cida', dijo Phil Clapp, quien fundara el Trust Nacional Ambiental a partir de bases que reconocieron la necesidad de campa'as p'blicas mucho m's efectivas de los ambientalistas.

'La lluvia 'cida concierne a un n'mero espec'fico de facilidades en una industria que ya estaba regulada', arg''a Clapp. 'Para pasarlas se necesitaron justo 8 a'os, de 1982 a 1990. El calentamiento global no es un asunto que pueda resolverse con la simple aprobaci'n de un estatuto. La cosa no es poco menos que el comienzo de un esfuerzo para transformar la econom'a energ'tica mundial, mejorando ampliamente la eficiencia y diversific'ndola m's all' de su dependencia virtualmente exclusiva en combustibles f'siles. La campa'a para ponerle topes a las emisiones de carbono y luego reducirlas implica literalmente una campa'a ininterrumpida de 50 a'os. Esto no es algo en que todo el mundo pueda cantar victoria, levantar la tienda e irse a casa'.

La lecci'n les fue llevada a casa a Clapp, Hawkins y otros l'deres durante los 90 cuando los grandes grupos ambientales y proveedores de fondos echaron todas sus cartas sobre el calentamiento global en la mesa de Kyoto. El problema que se present' fue no disponer de una bien dise'ada estrategia pol'tica para lograr que el Senado de los Estados Unidos ratificara el tratado, que habr'a bajado las reducciones de gases de invernadero por debajo de los niveles de 1990. La comunidad ambientalista no solo fall' en lograr la ratificaci'n de Kyoto por el Senado, sino que los estrategas de la industria ' en h'bil maniobra de judo legislativo ' se las ingeniaron para que el Senado pasara una resoluci'n anti-Kyoto 95 a 0.

La magnitud de esta derrota no puede ser sobreestimada. Al salir de los a'os Clinton sin ley alguna para reducir las emisiones de carbono ' incluso en cantidades min'sculas ' la comunidad ambiental no ten'a mayor poder o influencia de lo que ten'a cuando Kyoto fue negociado. Le preguntamos a los l'deres ambientales: 'qu' sali' mal?

'Nuestra promoci'n de los a'os 1990 era inadecuada en el sentido de que la escala de nuestros objetivos para definir la victoria no estuvo calibrada con la necesidad del calentamiento global', respondi' Hawkins. 'En vez de eso, estaba definida en t'rminos de lo que fuese posible lograr. Nosotros criticamos la propuesta de Clinton por un programa voluntario para implementar el acuerdo de la convenci'n de R'o [que precedi' a Kyoto], pero no mantuvimos activa una campa'a p'blica. Reorientamos nuestra atenci'n a los escenarios internacionales y gastamos todo nuestro esfuerzo tratando de actualizar los compromisos del Presidente Bush, Sr. en la convenci'n de R'o, en vez de tratar de convertir en ley aquellos compromisos. Hemos debido hacer ambas cosas'.

Al responder a la queja de que, pasando 10 a'os sin ninguna acci'n sobre el calentamiento global, el movimiento ambiental se encuentra en una posici'n peor a la que tendr'a si se hubiese negociado un acuerdo inicial bajo Clinton, Clapp dijo: 'En mirada retrospectiva, por posicionamiento pol'tico, probablemente habr'amos estado mejor si, bajo el protocolo de Kyoto, hubi'semos aceptado los niveles de 1990 para el 2012, ya que a eso fue a lo que Bush, Sr. se comprometi' en R'o. Yo no sustraigo mi responsabilidad por ese error'.

Despu's de la derrota de Kyoto en el Senado, Clapp y otros concentraron su ira sobre el Vicepresidente Al Gore, quien fuera uno de los m's fuertes y elocuentes ambientalistas del pa's. Pero Gore hab'a sido testigo del asesinato de Kyoto 95'0 en el Senado y tem'a que la etiqueta de 'Hombre Ozono' ' que se gan' por su exitosa defensa del Protocolo de Montreal para proscribir los CFC destructores de ozono ' pudiesen da'ar su campa'a presidencial del 2000.

Las pullas ambientales sobre Al Gore culminaron en un art'culo del 26 de abril de 1999 en la revista Time, titulado: 'Es Al Gore un h'roe o un traidor?' En ese escrito el reportero de Time relata una reuni'n donde l'deres ambientales insist'an en que Gore hiciese m's que el desmonte gradual de las viejas y sucias termoel'ctricas de carb'n. Gore replic' que 'Perdiendo el tiempo con propuestas impr'cticas, enteramente fuera de tono con lo que es viable, no necesariamente sacar'n avante su causa'.

La campa'a p'blica contra Gore produjo titulares en la prensa pero ni inspir' mayores actitudes de tomar riesgos por los pol'ticos, ni' envalentonaron al Vicepresidente. En vez de eso, el autor de Earth in the Balance ['La Tierra en la Balanza'] emple' la mayor parte de la competencia del 2000 minimizando sus credenciales verdes con la falsa esperanza de que de ese modo captar'a los votantes indecisos.****

Quiz's la m's grande tragedia de los 1990, en 'ltimas, fue que la comunidad ambiental continu' con su incapacidad de construir una visi'n inspiradora, mucho menos una propuesta legislativa, que hubiesen podido mover a su favor la mayor'a de la opini'n p'blica.

Cada quien pierde con la eficiencia de los combustibles

A finales de los 90 los ambientalistas no solo fueron incapaces de ganar un acuerdo legislativo sobre el carbono, sino que tambi'n dejaron escurrir entre los dedos un trato sobre est'ndares m's altos de eficiencia de combustibles en los veh'culos.

Desde los 1970, los ambientalistas hab'an definido el problema de la dependencia del petr'leo como una consecuencia de inadecuados est'ndares de eficiencia en el uso de los combustibles. Su estrategia ha consistido en tratar de dar mayor poder a los sindicatos de la industria y de los trabajadores en t'rminos ambientales y de seguridad nacional. El resultado ha sido una falla masiva: en los pasados 20 a'os, en tanto las tecnolog'as del autom'vil han mejorado exponencialmente, en conjunto las tasas de kilometraje/consumo de combustible han bajado, en vez de' subir.

Pocos se andan con rodeos al discutir este hecho. 'Si lo que se pregunta es si hemos hecho algo para enfrentar el problema desde 1985, la respuesta es no', dijo Bob Nordhaus, un' abogado de Washington, D.C., que actu' como Consultor General del Departamento de Energ'a bajo el Presidente Clinton y quien ayud' a dise'ar la legislaci'n de la Corporate Average Fuel Economy (CAFE) y la Ley de Aire Limpio. (Nordhaus es tambi'n el padre de uno de los autores de este informe.)

La primera enmienda de CAFE en 1975 se agarr' de la fruta m's a la mano en t'rminos de eficiencia, para fijar en su lugar est'ndares que los expertos consideraron eran m's f'ciles de alcanzar por la industria que aquellos que los ambientalistas est'n solicitando ahora. El UAW [United Auto Workers, es decir, el sindicato de Trabajadores Unidos de la Industria Automotriz] y los fabricantes de autos estuvieron de acuerdo con la enmienda de CAFE de 1975, por un inter's propio claramente definido: reducir el avance de las importaciones japonesas.

'CAFE [en 1975] fue respaldada por UAW y [el Representante Dem'crata de Michigan John] Dingell', dijo Shelly Fiddler, quien fuera Jefe del Equipo del ex Representante Phil Sharp, quien a su vez fue autor de la enmienda CAFE antes de convertirse en Jefe del Consejo sobre Calidad Ambiental de la Casa Blanca, durante la administraci'n Clinton. 'Fue hecha por Ford y un pu'ado de funcionarios renegados del Congreso, no por ambientalistas. La comunidad ambiental no origin' CAFE y 'sta tiene serias reservas sobre aqu'lla'.

Gracias a las acciones emprendidas por los fabricantes norteamericanos de autos y a la inacci'n de los grupos ambientales de Estados Unidos, las ganancias en eficiencia de CAFE' se desplomaron a mediados de los 1980. No est' muy claro qui'n caus' mayor da'o a CAFE, si la industria automotriz, UAW o el movimiento ambiental.

Luego de comprometer 59 votos en 1990 ' uno menos de los necesarios para parar una acci'n obstruccionista ' el Senador Richard Bryan estuvo a punto de pasar legislaci'n orientada a elevar los est'ndares de la econom'a de combustibles. Pero al a'o siguiente, cuando Bryan ten'a todas las de ganar para conseguir los 60 votos que necesitaba, el movimiento ambiental lleg' a un trato con los fabricantes de automotores. A cambio de la oposici'n de las automotrices a la perforaci'n petrolera en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del 'rtico, los ambientalistas aceptaron retirar el apoyo al proyecto de ley de Bryan. 'De todos los opositores posibles, habr'an de ser los ambientalistas quines lo hundieran', anota con amargura Keith Bradsher, reportero del New York Times a cargo de temas relacionados con la industria automotriz.7

Tr'gicamente, si Bryan y los ambientalistas hubiesen tenido 'xito en 1991, ellos habr'an disminuido dram'ticamente la proliferaci'n de los SUV en la d'cada siguiente y reducido la presi'n sobre el Refugio ' un pedazo de tierras silvestres que los Republicanos utilizaron otra vez para abofetear los ambientalistas bajo el Presidente George W. Bush. El fracaso de la comunidad ambiental en 1991 se agrav' por el hecho de que el proyecto legal de Bryan 'contribuy' a asustar a los fabricantes de autos japoneses para producir modelos m's grandes', un cambio que en 'ltimas disminuy' el poder tanto de la UAW como de los ambientalistas.

''D'nde estaba el movimiento ambiental?' pregunta Bradsher en su maravillosa historia de los SUV, High and Mighty ['Alto y poderoso']. 'A medida que empez' a tomar forma una transformaci'n lenta y constante de las carreteras americanas, el movimiento ambiental se mantuvo silencioso todo el tiempo sobre los SUV hasta mediados de los 1990, y no hizo mayor cosa para introducir cambios en las regulaciones de los SUV hasta 1999'.

Finalmente, en el 2002 los Senadores John Kerry y John McCain saltaron a la palestra con otro intento para elevar los est'ndares de CAFE. Esta vez tambi'n los ambientalistas fueron incapaces de negociar un trato con UAW. El resultado fue que el proyecto de ley perdi' por un margen mucho mayor que el registrado en 1990. El Senado vot' 62-38 para hundirlo.

As' las cosas, incluso desde la perspectiva del m's joven e inexperto asistente de Capitol Hill, el poder pol'tico de los grupos ambientales estaba m's bajo que nunca.

Los voceros ambientales trataron de hacer aparecer sus p'rdidas de 2002 como una victoria, arguyendo que aqu'llas les generaban un buen momento hacia el futuro. Pero privadamente casi todos los l'deres ambientales que entrevistamos nos dijeron que CAFE ' en su encarnaci'n de 2002 ' estaba muerta.

Dados los 10 a'os iniciales exitosos de CAFE, desde mediados de los 1970 hasta mediados de los 1980, es comprensible que los ambientalistas considerasen a CAFE como una buena herramienta t'cnica para reducir nuestra dependencia del petr'leo y para rebajar las emisiones de carbono. Infortunadamente, las mejores soluciones t'cnicas no siempre son la mejor pol'tica. Los Senadores no votan de acuerdo con las especificaciones t'cnicas de una propuesta. Ellos toman sus decisiones con base en una variedad de factores, especialmente a partir del modo como se formula la propuesta y la oposici'n a la misma. Y no hay suficiente cantidad de relaciones p'blicas que ayuden una propuesta malamente formulada.

Bradsher va al punto cuando arguye que 'Los ambientalistas y sus aliados del Congreso han desperdiciado su tiempo desde los d'as del proyecto de ley de Bryan, al traer reiteradamente legislaci'n ambiciosa a los recintos de la C'mara y el Senado sin hacer primero compromisos importantes con UAW. La triste verdad es que al inclinar la balanza a favor de los SUV durante un cuarto de siglo, las regulaciones gubernamentales han dejado la econom'a del Medio Oeste de los Estados Unidos adicta a la producci'n de peligrosos sustitutos para los carros. Cualquier pol'tica sobre la econom'a de los combustibles debe reconocer tan enorme problema social y econ'mico'.

A la luz de esta cadena de desastres legislativos ser'a de esperar que los l'deres ambientales hubiesen reevaluado sus supuestos y dise'ado una nueva propuesta.8' En vez de eso, durante los 'ltimos dos a'os, el movimiento ambiental solo ha acometido un juicio t'ctico para atraer nuevos aliados, sean ellos los que sean, desde l'deres religiosos hasta celebridades de Hollywood, buscando reforzar la noci'n de que CAFE es la 'nica ruta para liberarnos de la dependencia del petr'leo extranjero.

Hoy, la percepci'n convencional es que la industria automotriz y UAW 'ganaron' la contienda con CAFE. Tal l'gica no implica otra cosa que suponer a los ejecutivos de la industria como representantes de lo mejor para los accionistas, que los ejecutivos sindicales representan lo mejor para los trabajadores, y que los ambientalistas representan lo que es mejor para el medio ambiente. Todas estas presunciones merecen ser cuestionadas. La industria automotriz norteamericana se encuentra hoy en un estado de colapso gradual. Los fabricantes de autos japoneses se hallan mordiendo una buena parte del mercado americano con veh'culos m's limpios, m's eficientes y en definitiva mejores. Y las compa''as americanas est'n trazando planes para mover sus plantas al exterior. Ninguno de los as' llamados intereses especiales est'n representando especialmente bien los intereses de sus afiliados.

No hay mejor ejemplo que CAFE para mostrar c'mo las categor'as ambientales sabotean las pol'ticas ambientales. Cuando aqu'lla fue creada en 1975, se dise'' como una estrategia para salvar la industria automotriz americana, no para salvar el medio ambiente. Para entonces tal era la f'rmula correcta, y en adelante esa ha seguido siendo la f'rmula correcta.' Sin embargo, el movimiento ambiental, en toda su literal esclerosis, no solo sinti' la necesidad de etiquetar a CAFE como una 'propuesta ambiental', sino que fall' en encontrar una soluci'n que funcionara tambi'n para la industria y para el trabajo.

Al pensar solo en sus intereses propios, estrechamente definidos, los grupos ambientales no se involucran con las necesidades de los sindicatos y la industria por igual. La consecuencia es la p'rdida de oportunidades notables para construir alianzas. Consid'rese el hecho de que la m's grave amenaza para la industria automotriz americana pareciera tener nada que ver con 'el medio ambiente'. El alto costo de salud para sus empleados jubilados representa un gran componente de lo que hiere la competitividad de las compa''as americanas.

'La General Motors cubre los costos de servicios de salud de 1.1 millones de norteamericanos, o sea cerca de la mitad del uno por ciento de la poblaci'n total', escribi' recientemente Danny Hakim del New York Times.9' 'Para la G.M, que recibi' el a'o pasado $1.200 millones de d'lares [en utilidades], el gasto anual en salud se ha incrementado en $4.200 millones de d'lares desde 1996' Actualmente, con la competencia global y actuando en un sistema de servicios de salud cuyos mayores aportes son responsabilidad de los empleadores, los altos costos m'dicos para los jubilados de los Estados Unidos son una de las razones para que los $10.200 millones de d'lares de utilidades de Toyota, en su m's reciente a'o fiscal, representasen m's del doble de las ganancias combinadas de las Tres Grandes automotrices americanas'.

Debido a que Jap'n cuenta con un servicio nacional de salud, sus compa''as automotrices' no se ven atascadas con las cuentas de sus jubilados. No obstante, si a alguien le diera por proponer que los grupos ambientales debieran tener alguna estrategia para bajar los costos de salud de la industria automotriz, quiz's a cambio de est'ndares de kilometraje m's altos, de seguro ser'a expulsado con burlas del sal'n, o reconvenido por sus colegas porque 'el servicio de salud no es un asunto ambiental'.

La desventaja del costo de salud para los productores norteamericanos es una amenaza que no se superar' con incentivos tributarios por inversi'n de capital en nuevas f'bricas, o con' descuentos por h'bridos para el consumidor. El problema no es tan solo que los cr'ditos por impuestos y los descuentos no logren lo que se necesita que hagan, cual es salvar la industria automotriz americana ayud'ndola a fabricar carros mejores y m's eficientes. El problema tambi'n es que estas pol'ticas, sobre las cuales la comunidad ambiental apenas estuvo de acuerdo tras m's de dos d'cadas de fracasos, han sido metidas en la vieja propuesta de CAF', a la manera como se atiborra de adobos un pavo.

Los ambientalistas ' incluido el candidato presidencial John Kerry, cuya plataforma inclu'a ali'os adicionales para el pavo ' lo mismo que los l'deres industriales y laborales, aun tienen que repensar sus hip'tesis acerca del futuro de la industria automotriz norteamericana en t'rminos que hagan posible un replanteamiento de sus propuestas. Algunos 'realistas' ambientales arguyen que la muerte de la industria automotriz ' y la p'rdida de cientos de miles de empleos sindicalizados de alto salario ' no es necesariamente algo malo para el medio ambiente, si tal cosa significa una mayor tajada del mercado para los mucho m's eficientes veh'culos japoneses. Para otros, salvar la industria automotriz es crucial para mantener la clase media del Medio Oeste norteamericano.

'A m' no me gusta sobornar a todo el mundo por la buena conducta, pero no est' mal ayudar los sindicatos', dice Hal Harvey. 'Necesitamos empleos en este pa's. Los miembros de los sindicatos son votantes indecisos en un gran n'mero de estados. Y un salario soportable es 'ticamente importante'.

Como ocurre con Harvey, la mayor'a de los l'deres ambientales son progresistas que por principio apoyan el movimiento sindicalista. Y si bien muchos se han enfrentado con l'deres laborales sobre c'mo resolver el atolladero de CAFE, el movimiento ambiental no est' muy seguro sobre la proposici'n de que el reconstruir una industria automotriz americana y un movimiento sindical m's fuertes puedan ser las estrategias esenciales para luchar contra el calentamiento global. M's que eso, como en todo lo dem's que no sea visto como expl'citamente 'ambiental', el futuro del movimiento de los sindicatos se trata como una consideraci'n m's t'ctica que estrat'gica.

La reciente decisi'n de California, de requerir reducciones en las emisiones de gases de invernadero por los veh'culos durante los pr'ximos 11 a'os, fue ampliamente reportada como una victoria de los esfuerzos ambientales contra el calentamiento global. En efecto, el que despu's de dos d'cadas de fracasos para revertir la gradual declinaci'n de la eficiencia del consumo de combustible, aquella decisi'n es un signo de nuestra debilidad, no de fortaleza. Por muy buenas razones, los fabricantes de autos est'n confiados en que podr'n derrotar la ley californiana en las cortes. Si no lo logran, existe el peligro real que la industria pueda persuadir al Congreso de revocar el derecho especial de California para regular la poluci'n bajo la Ley de Aire Puro. Si eso ocurriera, California tambi'n perder'a su poder para limitar la contaminaci'n de origen vehicular.

La eficiencia promedio en el uso de combustibles, con cobertura total de los usuarios, es hoy id'ntica a la de 1980, seg'n la Uni'n de Cient'ficos Preocupados. El pasado cuarto de siglo de fracasos no se debi' a uno o dos errores t'cticos (aunque de esto se dio en abundancia, como lo describimos arriba). M's que eso, las ra'ces de las fallas de la comunidad ambiental pueden hallarse en la manera como 'sta declara a ciertos problemas como ambientales, y a otros no.' Los fabricantes de autos y UAW son, desde luego, tan responsables como los ambientalistas de su incapacidad para formar una alianza estrat'gica. La actual situaci'n de perder-perder-perder con los autom'viles es el resultado l'gico de definir de manera tan estrecha los intereses propios del trabajo, el medio ambiente y la industria.

Poco antes de su muerte, David Brower trat' de pensar m's creativamente acerca de soluciones con mayores posibilidades de 'xito. A menudo 'l hablaba de la necesidad que ten'a la comunidad ambiental de invertir m's energ'a en cambiar el c'digo tributario, punto enfatizado por Keith Bradsher en High and Mighty. 'Los ambientalistas han sido notables por no preocuparse por la legislaci'n tributaria, y no le prestaron mayor atenci'n a cosas como la depreciaci'n y las provisiones de impuesto al lujo de los camiones ligeros de mayor tama'o. M's lamentable todav'a, los grupos ambientales ignoraron' los SUV en la batalla de 1990 sobre el proyecto de ley de Bryan, e incluso se desentendieron de las troneras de poluci'n a'rea abiertas a los camiones ligeros en la legislaci'n de aire puro de 1990'.10

Pero hay dentro de la comunidad ambiental quienes tratan de aprender de los fracasos de los pasados 25 a'os y piensan de manera diferente acerca del problema. Jason Mark, de la Uni'n de Cient'ficos Preocupados, nos dijo que ha iniciado la b'squeda de m's zanahorias para el garrote de Pavley. 'Es necesario que negociemos desde una posici'n de fuerza. Nos ha llegado la hora de proponer pol'ticas de incentivos que tengan sentido. Hemos estado trabajando sobre cr'ditos tributarios para h'bridos. Ahora necesitamos gestionar cr'ditos tributarios para ****I&D [Investigaci'n & Desarrollo] en emisiones reducidas y algo para aliviar las cargas por pensiones y salud de las industrias. Hasta ahora nadie ha puesto sobre la mesa ning'n buen trato pensional para ellas. Nada de esto ha sido explorado todav'a'.

En 'ltimas, todos por igual son responsables de haber fallado en dise'ar un trato que intercambie una mayor eficiencia por cr'ditos tributarios federales orientados a favor de I&D. Una consecuencia de las pol'ticas p'blicas del Jap'n que subvencionan a I&D con cr'ditos tributarios, sugiere Mark, es que las f'bricas japonesas de autos son manejadas por ingenieros con mentalidad innovadora, mientras a sus equivalentes americanas las manejan contabilistas obtusos. De acuerdo con Pavley, para inspirar un trato de ganar-ganar-ganar para la industria, los ambientalistas y UAW, todos a una, estos tres intereses necesitar'n empezar a pensar por fuera de sus c'nones conceptuales tradicionales.

Ganar mientras se pierde vs. Perder mientras se pierde

En pol'tica, una derrota legislativa puede ser asumida como un triunfo, o como una p'rdida.' Un fracaso' legislativo se puede considerar un triunfo si con 'l se incrementa el poder, la energ'a y la influencia del movimiento en el largo plazo. T'mese como ejemplo el caso del esfuerzo exitoso del derecho religioso para proscribir la pr'ctica parcial de abortos. La propuesta solo logr' pasar despu's de varios intentos fallidos. Comoquiera que la propuesta se ancl' alrededor de valores esenciales y no en especificaciones de pol'ticas t'cnicas, los fracasos iniciales para la proscripci'n de la pr'ctica parcial del aborto allanaron el camino para una eventual victoria.

Los fracasos consecutivos' de R'o, Kyoto, CAFE y McCain-Lieberman no se fraguaron de manera que incrementaran el poder de la comunidad ambiental a trav's de derrotas sucesivas. Ello ocurri' as' porque cuando las propuestas fueron dise'adas, a los ambientalistas no se les ocurri' sopesar lo que se podr'a sacar como ventaja de cada derrota. Entonces solo est'bamos pensando en lo obtendr'amos si las propuestas ten'an 'xito. Tal es el tipo de mentalidad que se debe desechar si hemos de dise'ar propuestas que generen el poder que necesitamos para triunfar en el nivel legislativo.

Si hay algo en lo que todos est'n de acuerdo, desde los Fideicomisos de Caridad Congregasional [Pew Charitable Trusts] hasta la Red de Acci'n pro Selva Lluviosa [Rainforest Action Network], es sobre la magnitud del problema. 'Lo que fundamentalmente estamos tratando de lograr es un cambio en la manera como este pa's (y el mundo) produce y consume energ'a, dijo el Director de Medio Ambiente de Pew, Josh Reichert. 'Estoy confiado en que all' llegaremos, primariamente porque creo que no tenemos de donde escoger. Pero lo que falta por verse es que tanto tiempo nos lleve ni cu'nto habr' de sacrificarse debido a la demora'.

Sobre esto concuerda Greg Wetstone de la NRDC. 'La comunidad cient'fica y el p'blico se han percatado que este es el reto m's importante y dif'cil que jam's hayamos enfrentado. Infortunadamente, ni en el Congreso ni en la Administraci'n Bush estamos viendo progreso alguno'.

Luego del voto del Senado contra McCain-Lieberman 55 por 43 en octubre de 2003, Kevin Curtis, del Fideicomiso Ambiental Nacional [Nacional Environmental Trust], habl' para la comunidad cuando declar' al Grist Magazine que 'Es un comienzo. Ahora esto puede parecer una derrota, pero en 'ltimas es una victoria. Un proyecto de ley que logra por lo menos 40 votos tiene una' franca posibilidad de pasar si es presentado de nuevo'.

No todo el mundo est' de acuerdo con que McCain-Lieberman est' ayudando a la comunidad ambiental. Shelley Fiddler manifest' que 'para cualquiera es completamente espurio decir que esta p'rdida es una victoria'.

Sin importar que los Senadores McCain y Lieberman hayan lavado las capas de carbono para ganar m's votos, es poco claro que los ambientalistas puedan reunir la fuerza suficiente para pasar en el Congreso la Ley de Manejo del Clima. Reichert predice que el proyecto McCain-Lieberman ser' aprobado en el Senado a finales de 2005, pero reconoce que la cosa ser' mucho m's dura en la C'mara.

Los c'lculos pol'ticos que ahora hacen los ambientalistas tratan de determinar c'mo la t'ctica de' subsidios por embargo para carb'n mineral y carbono limpios puedan ganarle a las industrias el'ctricas y del carb'n, y tambi'n al sindicato de Trabajadores Mineros Unidos. Mientras creemos que la situaci'n en China y otros pa'ses en desarrollo clama por inversiones en tecnolog'as de carb'n m's limpias y en embargos, otra vez es un signo perturbador que los ambientalistas se encuentren empezando la casa por el tejado, anteponiendo las pol'ticas t'cnicas a la visi'n y a los valores. Las inversiones en carb'n m's limpio deben enmarcarse como parte de una visi'n comprensiva para crear empleo en las industrias energ'ticas del futuro, no simplemente como un acondicionamiento t'cnico.

En cierta manera el proyecto McCain-Lieberman ofrece el peor de todos los escenarios. No es solo que falle en inspirar una visi'n apremiante que pueda cambiar el debate e incrementar el poder pol'tico de los ambientalistas; es tambi'n una frustraci'n en t'rminos de pol'ticas. 'Incluso si McCain-Lieberman fuese aprobado, no har'a ni remotamente mayor bien', dijo un bien conocido abogado energ'tico de Washington. 'Es una reducci'n menor en carbono. Si se piensa en lo que se est' necesitando, cual es estabilizar las emisiones, McCain-Lieberman no ir'a a hacer mayor mella. Se necesitan reducciones de 50 a 70 por ciento. Parte de lo que hay que hacer es mantener el paso y seguir presionando. Pero la otra parte de lo que se requiere es presentarse con un programa m's sesudo'.

Pasar el proyecto McCain-Lieberman requerir' algo m's que atraer a los oponentes de la industria, o flanquearlos como sea. Requerir' igualmente derrotar a' los astutos estrategas opositores de nuevo cu'o que han convertido con 'xito las regulaciones sobre emisiones de carbono en la b'te noire del movimiento conservador.

Pero si los prospectos para actuar pol'ticamente sobre calentamiento global aparecen intimidadores en los EE.UU., ni mirar siquiera se puede hacia China para reconfortarnos: el pa's de los 1.200 millones de habitantes, con un crecimiento del 20 por ciento por a'o, apunta a cuadruplicar el tama'o de su econom'a en 30 a'os y generar 300 gigavatios de electricidad en plantas' de carb'n sucio ' cerca de la mitad de lo que consume Estados Unidos cada a'o.

El reto para los ambientalistas en EE.UU. no es solo lograr que se reacondicione dram'ticamente la estrategia energ'tica, sino tambi'n que se ayude a hacer lo propio a pa'ses en desarrollo como China, India, Rusia y Sud'frica. Eso quiere decir que los grupos ambientales deber'n abogar por pol'ticas concretas, como la transferencia de tecnolog'a, tratados comerciales 'ticos y campa'as conjuntas en las que todos ganen. La amenaza del carb'n de China y de otros pa'ses en desarrollo trae el punto clave a casa: para enfrentar el calentamiento global se necesitar'n una serie de pol'ticas importantes, como las pol'ticas industriales o las comerciales, tradicionalmente no definidas como 'ambientales'.

El interrogante que hay que dirigir a propuestas como la de McCain-Lieberman es este: 'su continuada derrota ' o su eventual aprobaci'n ' nos proporcionar' el necesario momento para presentar y hacer aprobar un conjunto de propuestas que reconfiguren la econom'a energ'tica global? 'En caso contrario, con qu' se lograr'a esto?

Ambientalismo, como si la pol'tica no importara

Con el sentimiento p'blico, nada puede fallar; sin 'ste, nada puede tener 'xito. En consecuencia, m's profundo es quien moldea el sentimiento p'blico que aquel que crea estatutos o pronuncia decisiones.

Ross Gelbspan capt' el sentimiento pragm'tico que anima a la mayor'a de los ambientalistas cuando nos dijo que 'yo veo a McCain-Lieberman parecido a Kyoto: ineficaz pero tremendamente importante e indispensable para llegar a un mecanismo que regule el carbono'.

Cuando le dijimos a 'l que Eric Heitz, director ejecutivo de Energy Foundation [Fundaci'n Energ'tica], hab'a predicho que Estados Unidos tendr'a un 'serio r'gimen federal del carbono en cinco a'os', Gelbspan replic': 'Esto no se puede demorar ni siquiera un par de a'os. El clima est' cambiando muy r'pido. Tenemos que empezar m's pronto'.

En Boiling Point, Gelbspan acusa a los l'deres ambientales de 'ser demasiado t'midos para prender las alarmas sobre una amenaza clim'tica tan espeluznante' y por conformarse por tan poco. 'Consideren la cr'tica cuesti'n de la estabilizaci'n del clima ' el nivel sobre el cual el mundo acuerde poner un tope al acumulado progresivo de concentraciones de carbono en la atm'sfera', escribe Gelbspan. 'Los grupos ambientales nacionales m's importantes que concentran su atenci'n en el clima ' grupos como el Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales [Natural Resources Defense Council], la Uni'n de Cient'ficos Preocupados [Union of Concerned Scientists] y la Federaci'n Mundial de la Vida Silvestre [World Wildlife Federation] ' han acordado respaldar lo que ellos ven como una meta pol'ticamente aceptable de 450 partes por mill'n de di'xido de carbono ' [Si eso] puede ser pol'ticamente realista, ser'a quiz's ambientalmente catastr'fico'.

Durante la entrevista, Gelbspan nos dijo que el fracaso de los ambientalistas para lograr m's 'se debe a que ellos operan en Washington y aceptan el progreso por incremento. Si logran obtener dos millas m's en un est'ndar de CAFE, para ellos tal cosa ser' un enorme logro. Pero en comparaci'n con la necesidad de cortar las emisiones en 70 u 80 por ciento, aquello no es nada. Su temor es que los marginen por pedir reducciones m's dr'sticas. Ellos est'n tomando la ruta m's c'moda, sin importar que los cient'ficos est'n sonando las alarmas y diciendo que ya es demasiado tarde para evitar perturbaciones significativas'.

La alternativa que Gelbspan respalda es la propuesta desafortunadamente llamada 'WEMP' ' el World Energy Modernization Plan [Plan Mundial de Modernizaci'n de la Energ'a]11 ' para reducir en un 70 por ciento las emisiones de carbono, a escala global, de tres maneras: 1) desplazando los subsidios de las industrias contaminantes a las industrias limpias; 2) creando un fondo para transferir tecnolog'a limpia al mundo en desarrollo; y 3) apuntalando un 'Est'ndar de Eficiencia de los Combustibles F'siles' en un cinco por ciento anual. Este es un programa que Gelbspan considera lo suficientemente fuerte para encarar la crisis del calentamiento global, al tiempo que puede generar millones de buenos empleos alrededor del mundo. Tal plan incluso podr'a ayudar, escribe 'l, 'a crear condiciones que apoyen un real proceso de paz en Israel' (reconociendo, no obstante, que esto 'ltimo no pasa de ser una 'fantas'a altamente improbable').

Intrigados por tan gran visi'n, le preguntamos sobre la estrategia pol'tica para que WEMP pueda pasar.

'No es nada del otro mundo', respondi'. 'Hay que sustraer el dinero de la pol'tica. Si usted hizo tal cosa, no habr' problema. No veo otra respuesta que una real reforma a las finanzas de las campa'as. S' que tal cosa suena improbable, pero la alternativa es cambio clim'tico masivo'.

Entonces le preguntamos: ''Nos est' diciendo usted que tenemos que hacer una reforma a las finanzas de campa'a antes de que consigamos acciones sobre el calentamiento global?' En este punto Gelbspan se ech' atr's. 'No se cu'l sea la respuesta para eso. Realmente no lo se'.

Lo que es tan atrayente acerca de Boiling Point es la opini'n tan directa de Gelbspan cuando se trata de la magnitud de la crisis: tan pronto como sea posible debemos cortar las emisiones de carbono en un 70 por ciento, o el mundo que conocemos habr' llegado a su fin. Gelbspan se erige a s' mismo en su libro como una suerte de Paul Revere tratando de despertar legiones de dormilones ambientalistas. Con todo, ninguno de los l'deres ambientales que entrevistamos expresaron denegaci'n alguna sobre lo que enfrentamos. Por el contrario, todos creen que la situaci'n es urgente y que se deben tomar grandes pasos ' eventualmente por lo menos. El punto que ellos quieren destacar es que uno debe gatear antes de caminar, y caminar antes de correr.

Lo que es frustrante en Boiling Point y en muchos otros libros ambientales visionarios ' desde Natural Capitalism de Paul Hawken y Amory y Hunter Lovins, pasando por Plan B de Lester Brown, hasta The End of Oil por Paul Roberts ' es el modo como los autores apoyan las soluciones de pol'ticas t'cnicas, como si la pol'tica ' la pol'tica ' no importara.' 'A qui'n le importa que' un impuesto al carbono, o un consorcio de cielos, o un sistema de corte-y-negocio, sean el m's simple y elegante mecanismo de pol'ticas para aumentar la demanda de fuentes limpias' de energ'a si es un perdedor pol'tico?

La orientaci'n hacia pol'ticas t'cnicas del movimiento ambiental ha creado un tipo de miop'a: todo el mundo est' en la b'squeda de r'ditos pol'ticos en el corto plazo. No pudimos encontrar a alguien que est' dise'ando propuestas pol'ticas que, por medio de la visi'n alternativa y los valores que 'stas introduzcan, provean hacia delante el contexto para victorias electorales y legislativas. De los l'deres ambientales que entrevistamos, casi todos estaban concentrados en el trabajo de pol'ticas a plazo corto, no en estrategias de mayor trascendencia.

Las propuestas pol'ticas que por su propia naturaleza se apuntan a un golpe de mayor alcance llevan a conflictos pol'ticos y controversia, en t'rminos que promueven la visi'n transformista y los valores del movimiento ambiental. Pero dentro del movimiento ambiental muchos est'n inc'modos con solo imaginar sus propuestas dentro de un contexto pol'tico transformador.' Cuando inquirimos con Hal Harvey sobre c'mo elaborar'a 'l sus propuestas energ'ticas de modo que la resultante controversia pol'tica se transformara en poder para que los ambientalistas ayudasen a aprobar la legislaci'n, Harvey replic': 'No estoy seguro de desear mucha controversia en estos paquetes legislativos. Lo que quiero es asombro'.

1 SUV, es el acr'nimo en ingl's de 'sport utility vehicle', que se aplica a los camiones convertidos en coches de lujo, una de cuyas particularidades es el excesivo consumo de combustible, e.g. el Ford Explorer o el Lincoln Navigator [N. de trad.].

2 El Sierra Club, fundado en 1892 por John Muir, es la organizaci'n ambiental m's grande de los Estados Unidos, con alrededor de 750.000 afiliados [N. de trad.].

3 La estrategia del 'cap and trade' intenta reducir las emisiones de gases, permitiendo a quienes no utilizan todos los 'cr'ditos' otorgados a ellos por emisiones que los vendan a contaminadores incapaces de mantener sus propias emisiones por debajo de los l'mites estipulados. Esto es lo que se estableci' para reducir la lluvia 'cida desde la aprobaci'n de la Enmienda de la Ley de Aire Limpio en 1990, y es el modelo de legislaci'n de McCain-Lieberman [N. de trad.].

4 El t'rmino 'fraguando' ['framing'] ' antes asociado con tales actividades como 'fraguando la constituci'n' o 'legislaci'n 'fraguada' ' lo utilizan ahora los ambientalistas y otros progresistas como palabra de tinte m's sofisticado equivalente a 'hilando' ['spinning']. El trabajo del ling'ista George Lakoff relacionado con la manera como los conservadores fraguan m's efectivamente los debates p'blicos que los liberales se est' malentendiendo muy mal. Lakoff arguye que los progresistas necesitan reconformar su manera de pensar sobre el problema y sus soluciones. Lo que la mayor parte de los miembros de la comunidad est'n diciendo es que simplemente necesitamos utilizar diferentes palabras para describir los mismos viejos problemas y soluciones. La clave para aplicar el an'lisis de Lakoff es ver en conjunto la visi'n, los valores y la pol'tica como extensiones del lenguaje.

5 El t'rmino 'liberal'' tiene connotaci'n muy diferente en Estados Unidos a como se entiende en Am'rica Latina y otras partes del mundo. Un 'liberal' latinoamericano es el afiliado a un partido de ideolog'a democr'tica decimon'nica, cada vez m's de centro, muy alejado de las actitudes izquierdistas, por no decir radicales, de un 'liberal' de Chicago, Boston, o San Francisco. El cl'sico panorama pol'tico de muchos pa'ses latinos dividido principalmente entre conservadores y liberales, puede equipararse, mejor, con la dualidad norteamericana de republicanos y dem'cratas, en ese orden [N. de trad.].

6 Este t'rmino apropiado lo acu'' un oficial del programa Packard.

7 Keith Bradsher, High and mighty ['Alto y poderoso'], Perseus: New York, 2002. Bradsher cita tambi'n el libro del historiador Jack Doyle, Taken for a ride: Detroit big three and the politics of' pollution ['Llevados de paseo: Los tres grandes de Detroit y las pol'ticas contra la contaminaci'n'] (Nueva York: 2001).

8 Lo mismo que muchos otros observadores, Bradsher ha lastimado la comunidad ambiental al hacer pr'cticamente nada para avanzar de la preocupaci'n sobre los SUVs, a algo a lo que el p'blico presta m's atenci'n que a la eficiencia: la seguridad. Los ambientalistas nunca adelantaron una campa'a seria contra los SUV con base en los miles de muertos americanos que hoy seguir'an vivos si la industria hubiese producido carros en vez de SUVs. Aparentemente, en las mentes de los los l'deres de la comunidad, la seguridad 'no es una cuesti'n ambiental'.

11 WEMP suena en ingl's como la palabra 'wimp', que es sin'nimo del t'rmino 'weakling', equivalente en espa'ol a 'debilucho', 'canijo'... [N. de trad.].

**Abstract*. This essay by Michael Shellenberger and Ted Nordhaus was released at an October 2004 meeting of the Environmental Grantmakers Association, and it's been ruffling feathers ever since. The strong controversy provoked since its publication is placing the essay as a new benchmark in the long list of documents related to the world's environmental crisis.

[Ver nota sobre autores al final de la Parte II].

*** El permiso de traducci'n al espa'ol y publicaci'n electr'nica se concedi' extensivo a la Universidad de C'rdoba, Monter'a, Colombia, instituci'n patrocinadora de GeoTr'pico y a la vez publicista del sitio Geograf'a en Espa'ol, a trav's del cual tambi'n se difunde este informe:' >http://www.geografiaenespanol.net<

www.thebreakthrough.org/images/Death_of_Environmentalism.pdf<

as well as on >www.grist.org/news/maindish/2005/01/13/doe-reprint/<**

' Copyright 2004 by Michael Shellenberger and Ted Nordhaus

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